Después de vivir un siglo Al rescate de la iglesia del barrio

Las dos torres de la iglesia Inmaculada Concepción de Av. Brasil colapsaron en el terremoto de 1985, y el templo terminó por clausurarse tras el 27-F. Un proyecto de restauración por $240 millones ya se inició.

IÑIGO DÍAZ Al ver sus puertas abiertas por primera vez en tres años, la señora Palmira, histórica vecina del sector de Avenida Brasil y General Mackenna, pregunta cuándo va a estar lista la iglesia. Quiere volver a las misas dominicales en su querida Inmaculada Concepción, de la congregación Hijas de María Auxiliadora, templo clausurado por el terremoto. Sor María Olivia le contesta “muy pronto”.

Tan pronto como las cuadrillas de restauradores del centro Crea inicien el trabajo al interior del recinto. Junto a los arquitectos de C Project y la fundación Procultura, Crea presentó el proyecto de rescate del templo -construido en 1914- al Programa de Reconstrucción Patrimonial del Consejo de la Cultura, y logró recursos por $240 millones.

“La mañana del terremoto de 2010 se encontró la estatua de la virgen pulverizada en el piso. Se fracturó en la mitad, y cayó desde el techo de la iglesia. Para el terremoto de 1985, las dos torres, que eran todo un referente en un barrio de baja altura, colapsaron y tuvieron que ser demolidas. Desde entonces la iglesia ha estado sometida a un descuido generalizado”, cuenta Macarena Carroza, directora de Crea.

El equipo de rescate comenzó las tareas de emergencia en mayo. Removieron doce metros cúbicos de desechos desde el techo; cambiaron y ajustaron planchas para evitar la filtración de aguas y la erosión que provocan las palomas, y repararon la vidriera exterior para proteger la pintura mural del altar mayor, que muestra a la Virgen venciendo a Satanás. Desde 1985, insólitamente, permanecía a la intemperie.

Además, se realizó un escáner completo del edificio para verificar las lesiones. Algunos daños en la nave central son estructurales. “Estamos hablando de una iglesia de cien años, que necesita una restauración mayor, pero también una investigación acerca de su época, los materiales con que se construyó, y así respetar esa línea. Antes hubo arreglos mal hechos, a la rápida, sin una mirada histórica”, explica René Dintrans, arquitecto de C Project, mientras otros vecinos del barrio se acercan para enterarse de los avances.

El proyecto no considera la reconstrucción de sus enormes torres -que requieren de fondos específicos-, aunque incluye la recuperación de la imagen que dominaba la cúspide del templo, y se destruyó en 2010. “La iglesia será entregada a la comunidad dentro de doce o quince meses con un manual de directrices para su futura mantención. Y no solo se trata de recuperarla físicamente, sino también históricamente. Es vital que se conozca su historia para revalorizarla”, comenta Carroza.

El templo, perteneciente a la congregación que llegó a Concepción y Punta Arenas en 1887, está conectado con el Liceo José Miguel Infante, fundado en 1908, el primer colegio particular con exámenes reconocidos por el Ministerio de Educación. Sor María Olivia dimensiona la importancia del rescate: “Nuestras alumnas más pequeñas jamás han podido entrar a la iglesia”.

Fue una promesa a la VirgenLa historia cuenta que José Horacio Campillo, que naufragó un 8 de diciembre -día de la festividad de la Inmaculada Concepción-, prometió a la Virgen que si se salvaba, se ordenaría sacerdote y construiría una iglesia dedicada a ella.

Los investigadores no saben con certeza quién es el arquitecto del templo edificado en 1914 por orden de monseñor Campillo, pero creen que sería Alberto Zegers Fernández, como sugieren las actas de la Sociedad de Instrucción y Habitaciones para Obreros de noviembre de 1904, donde aparece un anteproyecto de esta iglesia a su nombre.

El templo luce una paleta de colores apastelados -rosa, celeste, morado-, tiene una planta rectangular de tres naves, cada una de cinco tramos. La nave central desemboca en el presbiterio y las laterales están decoradas por pequeños altares y diez llamativas lámparas, entre sus columnas de hierro, con 20 luminarias cada una en perfecta conservación.

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