GRACIAS A UN APORTE DEL BANCO BBVA SE DA INICIÓ AL PROYECTO DE RESTAURACIÓN DEL PATRIMONIO DE ARTE SACRO DE LA PARROQUIA DE LA COMPAÑÍA DE GRANEROS

Gracias a un significativo aporte del banco BBVA se dio inicio al proyecto integral de puesta en valor del patrimonio de arte sacro del conjunto de la Parroquia de la Compañía de Graneros. Convenio entre la Fundación la Santa Cruz y el centro de restauración CREA.

El aporte de BBVA contempla la restauración de las primeras dos esculturas del conjunto: “Escultura de la Inmaculada” y “Cristo crucificado”

los rasgos morfológicos de la pieza de la inmaculada hacen sostener la atribución a algún artista jesuita germano como Kelner y Lanz. Destacan la delicadeza de oficio del escultor, el dinamismo que le imprime a todo el volumen, especialmente al plegado del manto y la vital caracterización de los rostros de los ángeles. El exagerado refinamiento de las formas, el agitado movimiento y la expresividad de las facciones son características que permiten asociar esta escultura a la labor artística de los jesuitas germanos del tercer cuarto del siglo XVIII.

Se trata de un bulto de noventa y cinco centímetros de alto que representa a la Virgen de pie sobre la luna, acompañada de tres querubines. La cabeza, de largo cabello ondulado, está inclinada a la izquierda y hacia arriba. El rostro, de rasgos muy finos, presenta una expresión de beatitud que se manifiesta en los ojos entornados hacia lo alto y los labios sonrientes. Las manos se juntan sobre el pecho en gesto de oración. Lleva un vestido dorado y un manto azul, rojo y dorado. Los pliegues del vestido son muy quebrados, predominando las líneas zigzagueantes. El manto va recogido sobre el pecho y se ondula agitadamente, proyectando zonas flameantes hacia la izquierda de la escultura. A los pies de la Virgen el autor ha tallado tres cabezas de querubines de rostros bien individualizados. El de la izquierda vuelve el rostro hacia arriba para completar a la Virgen, presenta un largo cabello, chasquilla sobre la frene y un gesto de jubilosa satisfacción. El del centro tiene la mirada puesta al frente, una expresión semejante a la del anterior, el cabello más corto y de mechones levantados. El tercero tiene la cabeza inclinada, el cabello ordenado y una expresión de beatitud menos chispeante que en los casos anteriores.

La Inmaculada de Graneros presenta rasgos morfológicos característicos de la imaginería germana del siglo XVIII. Las formas flamígeras que adquieren los pliegues de las telas, la presencia de un dinamismo que no proviene del sujeto representado y la encantadora y acentuada expresividad de los rostros son peculiaridades habituales, como ya se ha descrito, en la escultura de Baviera, Suavia o Franconia.

El “Cristo Crucificado” Correspondería a una talla de factura quiteña. La tipología del rostro y la concepción anatómica permiten vincularlo a alguno de los talleres más celebres que funcionaron en la ciudad neogranadina durante el siglo XVIII. El influjo de Bernardo Legarda y Manuel de Caspicará produjeron una honda transformación de las formas de producción artística en Quito, cambio que se evidencia en una búsqueda de mayor estilización y dinamismo en las tallas, rasgos que se pueden encontrar en el Crucificado de la Compañía.

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