Iglesia de San Ignacio: el rescate pictórico que faltaba

Hace dos meses, la Fundación Procultura y el Centro Crea recuperaron la iglesia El Almendral en Valparaíso. Hoy cierran el año con la restauración del gran templo de la orden jesuita en Santiago.
IÑIGO DÍAZ Tras la tragedia humana y patrimonial del incendio del antiguo templo de la Compañía de Jesús en 1863, la congregación decidió construir un nuevo templo mayor en la capital. La obra se encargó en 1867 al arquitecto romano Eusebio Chelli, famoso por las iglesias de los Capuchinos, de las Agustinas y la gran Recoleta Dominica, pero su trabajo para la Compañía finalmente no fue del todo satisfactorio (ver recuadro).

A pesar de ello, Chelli fue determinante como intermediario en la llegada de una serie pictórica comisionada a tres grandes artistas de la época: Pietro Gagliardi, Francesco Podesti y Francesco Grandi.

“Son siete obras de gran formato, de un total de once que hemos recuperado. Fueron realizadas especialmente en Roma para la Iglesia de San Ignacio. Representa un patrimonio inmenso, que es necesario mostrar y apreciar más allá de su carácter religioso”, dice Macarena Carroza, directora del centro Crea, que durante todo 2013 trabajó en una restauración integral del templo.

El proyecto fue encargado por la Fundación Procultura, y cuenta con un fondo de $240 millones del Programa de Reconstrucción Patrimonial del Consejo de la Cultura, de los cuales la Compañía de Jesús aportó $120 millones.

La iniciativa fue planteada como una restauración y rehabilitación integral de la iglesia. Porque si bien el templo soportó con solidez el terremoto de 2010, advertía una falta de mantenimiento de sus piezas de arte. “Necesitaba un trabajo más dedicado. Entonces no solo nos enfocamos en las pinturas de los italianos, sino además en la recuperación de los retablos de madera en los altares y en la limpieza de los cielos”, apunta Carroza, quien coordinó a un equipo encabezado por la historiadora del arte italiana Giovanna Capitelli, autora del libro “Mecenatismo pontificio e borbónico alla vigilia dell’unitá”, y especialista en esta serie pictórica.

Además de ese estudio artístico e histórico de las obras, dos equipos más trabajaron en terreno. En los talleres del Centro Crea, cinco restauradores de pintura de caballete se hicieron cargo de las piezas de Gagliardi, Podesti y Grandi, que tenían los barnices muy oxidados y que hoy han recuperado su impresionante luminosidad original. En el templo mismo, una cuadrilla de doce personas trabajó en los cielos y retablos.

La iglesia ya fue “entregada”, y ahora se encuentra en una etapa de observación junto a los propietarios. Pero el proyecto no termina aquí: en 2014 se iniciarán los trabajos para implementar un moderno sistema de iluminación sobre el retablo mayor y las naves laterales, además del cambio del hoy sumamente invasivo sistema de calefacción del templo. “La restauración logrará que la Iglesia de San Ignacio sea una de las primeras completamente terminadas en cuanto a su puesta en valor patrimonial. Se trata de todos sus cuadros, altares y confesionarios, la iluminación y la calefacción. Será un hito para la ciudad”, dice Alberto Larraín, director de Procultura.

Retablos: la madera como mármolSegún escribe el investigador de la U. Adolfo Ibáñez y parte del equipo de Crea, Fernando Guzmán, el desempeño del arquitecto Eusebio Chelli parece haber sido insatisfactorio. “En septiembre de 1869, el Rector del Colegio informa al Consejo ‘del poco empeño i casi ningún trabajo que se toma el arquitecto en favor de la obra’ “, anota Guzmán, y señala que se le mantiene en el cargo para no paralizar la construcción, pero se decide “que no se le debían encargar ni los altares ni el techo”.

“Como era imposible trasladar desde Italia los pesados altares de mármol, se encargan a artesanos de Santiago”, señala Carroza. Los hermanos Rovira emprenden la tarea para el altar mayor, los dos laterales y otros cuatro más, realizados en pino americano y pintados con imitaciones de mármol.

“Esto supone la adaptación de los modelos romanos de Vespigiani, Poletti y Sarti a las prácticas artesanales locales, pintada con falsos mármoles”, escribe Guzmán.

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