Patrimonio: Devolver lo perdido

El 27-F, que afectó a diversas localidades del país, se encargó además de borrar parte de las huellas de nuestra identidad. A tan solo 11,97 km de Rancagua, Graneros no quedó inmune. Un templo caído, y con él la pérdida de valiosas piezas de arte religioso, dejó una estela amarga entre sus habitantes, que recién hoy comienza a desaparecer. A mediados de septiembre dos de las principales figuras de la iglesia finalizarán su restauración gracias al trabajo del Centro CREA y del financiamiento del grupo BBVA.

No es extraño que cada habitante de Graneros mantenga intactas sus tradiciones religiosas. Hace más de dos siglos que los jesuitas se instalaron en la antigua Hacienda La Compañía, terreno que más tarde se convertiría en la localidad. Desde esa fecha, la orden se dedicó tiempo completo a transmitir las enseñanzas de Jesús, dándole forma definitiva con la construcción del Santuario de la Inmaculada de la Compañía de Graneros.

Años después la congregación fue expulsada, pero inevitablemente sus enseñanzas quedaron impregnadas entre los habitantes de Graneros.

Febrero de 2010, un terremoto devastador se sentía en toda la zona centro sur de Chile. Fue así como Graneros observó paso a paso cómo sus creencias, esperanzas y parte de su dignidad se caían junto a sus recuerdos. El templo de la Inmaculada Concepción había quedado en el suelo.

La Inmaculada de la Compañía fue la segunda casa para muchos granerinos y, por tanto, las figuras que guardaban sus paredes eran reliquias de arte y de vida.

EL RESCATE

Luego de un viaje para analizar el estado de la iglesia de Graneros después del terremoto, el profesor de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez Fernando Guzmán se dio cuenta de la envergadura de la catástrofe. Su impacto lo condujo a comenzar con un primer salvataje. Y así una cosa llevó a la otra. Días después contactó al Centro CREA (organización que vela por la Conservación, Restauración y Estudios Artísticos) para comenzar con la restauración del retablo mayor, las esculturas policromadas y el conjunto de pinturas del interior de la iglesia. Las obras por poco desaparecieron. Se encontraban con deterioros, faltaban partes como las manos y el ojo del rostro del Cristo, además tenían mucha suciedad superficial adherida.

En estos momentos el Centro CREA, y gracias al financiamiento del grupo BBVA, se encarga del proceso de restauración de la escultura de la Inmaculada y del Cristo, ambas figuras del siglo XVIII de un gran valor patrimonial y artístico.

Manuel Olivares Rossetti, Presidente del grupo BBVA Chile, piensa que este tipo de iniciativas son un lindo trabajo porque ayudan a mantener el patrimonio de un país y a devolverle la felicidad a una comunidad específica. “Asumimos un compromiso adicional con la comunidad, que es el rescate patrimonial. En este caso puntual de la comunidad de Graneros, se les está entregando objetos que para ellos tienen un valor sentimental y espiritual altísimo”.

Graneros no es la primera acción de este tipo que emprende el grupo BBVA. Hace algunos años el Monasterio de las Carmelitas Descalzas retomó su brillo original luego de la restauración de un grupo de cuadros del siglo XVII que les pertenecían. La reconstrucción de la estructura de la Catedral Metropolitana de Santiago fue su primera labor; hoy Graneros se lleva el tercer puesto.

Los trabajos de restauración a cargo del Centro CREA están en un nivel avanzado. Sin ir más lejos, el proceso del Cristo está en su fase final de reintegración cromática, mientras que la virgen está en etapa de consolidación y elaboración de sus partes faltantes. Su directora, Macarena Carroza, cree que “es importante esta labor porque dignifica tener identidad colectiva, el pertenecer, el cuidar, forjar un país, le da un marco de seguridad existencial. Recuperar una pieza de arte, una tradición, un templo o un edificio es un acto de voluntad histórica, necesaria para ubicarnos en el presente de manera auténtica y poder hacer trascender nuestra historia a futuras generaciones”.

Mientras se concluyen las obras del templo, es el obispado quien determinará el destino de las piezas que gracias al BBVA lograrán ser recuperadas para nuestro país.

La escultura de la Inmaculada y el Cristo según Carroza

La escultura de la Inmaculada (arriba) tiene rasgos morfológicos característicos de la imaginería germana del siglo XVIII. Las formas flamígeras que adquieren los pliegues de las telas de la talla de madera, la presencia de un dinamismo que no proviene del sujeto representado y la encantadora y acentuada expresividad de los rostros son peculiaridades habituales en la escultura de Baviera, Suavia o Franconia. El Cristo crucificado de la Compañía correspondería a una talla de factura quiteña. La tipología del rostro y la concepción anatómica permiten vincularlo a alguno de los talleres más célebres que funcionaron en la ciudad neogranadina durante el siglo XVIII. El influjo de Bernardo Legarda y Manuel de Caspicará produjo una honda transformación de las formas de producción artística en Quito, cambio que se evidencia en una búsqueda de mayor estilización y dinamismo en las tallas, rasgos que se pueden encontrar en el Cristo de la Compañía.

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